DEFINICIÓN

04.09.2017

Antes de definir el concepto clave sobre el que tratamos en el trabajo, explicaremos a que nos referimos cuando tratamos de personalidad, ya que si no entendemos que es ésta, no se podrá entender el concepto de trastorno de la personalidad. Estas definiciones mostradas a continuación son aceptadas por los manuales de diagnóstico oficiales de los psicólogos clínicos (DSM y CIE) por lo que independientemente del enfoque al cual pertenezcan, se ha de admitir la relevancia y aceptación que tienen estos organismos para unificar términos del ámbito de la Psicología, unificando así constructos para un mayor entendimiento entre las distintas perspectivas.

La personalidad es un constructo multifactorial dinámico con un componente biológico y un componente ambiental interrelacionados (Mª Teresa García Lópeza, 2010). Otra definición sería la personalidad como la totalidad de los rasgos emocionales y conductuales que caracterizan a una persona en su vida diaria en condiciones normales; es relativamente estable y predecible (Krummer, 2005).

Por tanto, entrando en materia, un trastorno de la personalidad supone una variante de estos rasgos de carácter, que van más allá de los que normalmente presentan la mayoría de las personas. Sólo cuando los rasgos de personalidad son inflexibles y desadaptativos, y causan o bien un deterioro funcional significativo, o bien un malestar subjetivo, constituyen un trastorno de personalidad. Los pacientes con este tipo de trastornos presentan patrones de relación y de percepción, de sí mismos y del ambiente, inflexibles, rígidos y muy arraigados (Kaplan, 1997).

DEFINICIÓN DEL TRASTORNO

El Trastorno límite o Borderline de la personalidad (TLP) es un trastorno complejo, ca-racterizado según los criterios diagnósticos del DSM-IV-TR por un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, en la autoimagen y en la afectividad, y una notable impulsividad, que comienza al inicio de la edad adulta y se da en diversos contextos (María Acuñas Gelabert, 2009).

Posiblemente es la perturbación psiquiátrica más temible porque da lugar a sintomatología alternante - histriónica, obsesiva, antisocial y psicótica- a una velocidad que hace inoperantes los tratamientos. Las personas con este trastorno no suelen recibir el diagnóstico correcto hasta que se hace patente su anormalidad estructural, que parece depender de una seria alteración de los procesos psicobiológicos de crecimiento. Son jóvenes menores de 20 años, por lo general mujeres que van recibiendo diagnósticos diversos y no responden a los tratamientos, a pesar de que pueden adherirse patológicamente a los terapeutas de los que parecen depender adictivamente (Vallejos Ruiloba, 2001).