APOLO Y DAFNE

15.09.2017

RESUMEN:

Apolo era hijo de la mortal Leto. Este creció convirtiéndose en un respetado y apuesto héroe. Eros, dios del amor, quería vengarse de Apolo por una disputa que tuvieron anteriormente. Así que disparó una flecha al joven, enamorándose de la ninfa Dafne, hija del río Peneo. Además lanzó una flecha a la ninfa para que odiase al semidiós. Dafne no paraba de rechazar a Apolo, pero éste cada vez insistía más. Por lo que en una persecución, asustada de que la atrapase pidió ayuda a su padre Peneo. Éste convirtió a su hija en un árbol, un laurel, perdiendo su apariencia humana para siempre. Apolo juró amar eternamente a ese árbol y como símbolo se hizo una corona con sus hojas, convirtiéndose en su emblema.

Este mito ejemplifica la Falacia ad hominem (contra el hombre) ya que Apolo (A) desea amar a Dafne (B), le ofrece amor (p), pero la ninfa (B) rechaza todo lo que tenga que ver con Apolo, ya que lo odia por la flecha que lanzaron sobre ella. Por tanto, Dafne (B) no acepta su amor (p). Por otro lado, se encuentra la Falacia ad verecundiam (a la autoridad). Se muestra cuando Peneo (A) decide convertir a Dafne (B) en un laurel (p). Como el río tiene poder y es su padre, la ninfa (B) acepta su voluntad (p).

Desde un punto de visto lógico, si no se hubiese dado la primera falacia, Dafne tal vez hubiese podido aceptar o no los coqueteos de Apolo en función de su propia percepción y gusto, no teniendo que hacerlo a partir de una flecha de odio que le mandó Eros. En la segunda, Dafne tal vez no hubiese deseado ser un laurel (simplemente quería escapar), sino que hubiese querido seguir siendo humana, pero esto (según el mito) no se lo preguntó su padre.

Estas falacias sirven para instruir indirectamente a la población. Dafne rechaza a Apolo a partir de la sugestión de un dios. La ninfa acepta la voluntad de otro, solo porque éste es considerado como superior, sin tener en cuenta que virtudes o defectos pueda poseer. Así que se enseña que hay sujetos y fenómenos superiores a nosotros, los cuales hemos de obedecer ciegamente.