ETIOLOGÍA ENFOQUE SOCIOCULTURAL II

06.09.2017

MODELOS BIOPSICOSOCIALES

En esta perspectiva se encuentran los autores más aceptados y reconocidos en el trastorno límite (Royo, 2012). Estos modelos explicativos intentan integrar la diversidad de los datos relativos a la comprensión de los trastornos de personalidad acumulados hasta ahora, los distintos ámbitos del conocimiento de los que proceden y los dispares dominios de la personalidad que abarcan (Szerman, Peris, & Ruíz, 2004).

THEODORE MILLON

Dos teorías fueron realizadas por Theodore Millon a la largo de la investigación sobre el trastorno. Para algunos de los profesionales, esta es la teoría que más relevancia ha ocupado en este ámbito (Szerman, Peris, & Ruíz, 2004). A continuación se explicará cada una de las teorías junto con sus características.

A) TEORIA DEL APRENDIZAJE SOCIAL

La teoría del aprendizaje social fue publicada en 1969, define que la personalidad y la psicopatología son resultado de interjuego de fuerzas orgánicas y ambientales. De manera que individuos con potencialidades biológicas similares emergen diferentes personalidades o síndromes clínicos distintos, en función de las experiencias a las que se han visto expuestos. A partir de esta teoría, los factores biológicos modelan, facilitan o limitan lo que el individuo aprende de la experiencia. Existe una relación recíproca y circulas entre las experiencias tempranas y las disposiciones biológicas, de forma que el bebé influye activamente produciendo reacciones del entorne que, por su parte, servirán para reforzar las tendencias biológicas básicas (Szerman, Peris, & Ruíz, 2004).

Sigue las mismas tipologías de la personalidad que las propuestas desde inicios del siglo XX, siendo actividad-pasividad, placer-dolor, sujeto-objeto. A partir de éstos, Millon definió una serie de patrones de afrontamiento. Las personas podemos diferenciarnos en función de dónde proceda la fuente primaria de los refuerzos que condicionan nuestros comportamientos (de uno mismo vs otros). Así diferencia los patrones independiente y dependiente. Un atipo adicional lo constituyen aquellos individuos que no terminan de definirse en cuanto a la fuente, encontrándose en conflicto en cuanto a si depender de ellos mismo u otros para la consecución de los refuerzos; es el tipo ambivalente. Finalmente, estarían aquellos que tienen una capacidad disminuida para sentir las experiencias placenteras y el dolor, constituyendo el patrón "despegado". Los individuos también se diferencian en base a la forma en que se obtienen los refuerzos, de forma activa o pasiva (Szerman, Peris, & Ruíz, 2004).

Millon usa las tres dimensiones polares descritas (pasividad-actividad, placer-dolor, si mismo-otros) para producir su taxonomía de los tipos disfuncionales de personalidad. Esta taxonomía combina en dos matrices básicas: los tipos dependientes, independientes, ambivalentes y despegados con la dimensión actividad vs pasividad (Millon, 1998).

El trastorno límite de la personalidad corresponde en esta taxonomía a la llamada "personalidad cicloide", representando un nivel moderado de disfuncionalidad de una orientación dependiente o ambivalente. La personalidad borderline, junto a la esquizotípica y la paranoide, constituye un grupo diferenciado de los ochos tipos originales de su taxonomía. Estas patologías tienen en común que tienen una patología crónica y periódicamente grave en su estructura general, una historia comprobada de interrupciones y decepciones en las relaciones personales y en el rendimiento laboral y académico, así como un déficit en la vinculación social. Así como la tendencia a desencadenar círculos viciosos autodestructivos, la historia de disgregaciones y reverses en sus primeras aspiraciones y objetivos, y la incapacidad para conseguir un nicho vital consistente, consonante con los potenciales y las aptitudes naturales. Es decir, se conceptualiza el trastorno límite como un nivel de descompensación de la personalidad con distintas subvariantes (Millon, 1998).

B) TEORIA EVOLUTIVA

En 1990 T. Millon revisó el modelo de aprendizaje biosocial de la personalidad. Convencido de que ningún sistema puede probar sus presupuestos desde dentro, es decir, usando sus propicios principio explicativos, concluye que será necesario recurrir a principios universales derivados de otros (y múltiples) áreas del conocimiento para explicar las leyes del funcionamiento de la naturaleza humana. Para ello recurre a los principios y procesos de la teoría evolutiva para fundamentar su teoría de la personalidad y sus desórdenes (Szerman, Peris, & Ruíz, 2004).

La personalidad es concebida como el estilo de funcionamiento adaptativo que caracteriza de forma distinta a un individuo. Entonces, los trastornos de personalidad son formulados como estilos de funcionamiento desadaptativos (Szerman, Peris, & Ruíz, 2004).

Las polaridades del modelo previo pasan a reformularse explicándose como la expresión de las diferentes tareas evolutivas que, en términos fenomenológicos, constituyen las dimensiones que se representan en polos. La primera es la preservación de la vida y mejora de las condiciones de la misma: placer/dolor. La segunda corresponde con las funciones destinadas para la supervivencia en ecosistemas abiertos: pasividad vs orientación activa. Esto explica que por una parte la tendencia a acomodarse a un nicho ecológico y aceptar lo que éste aporta vs la tendencia a modificar o intervenir en el ambiente. La tercera se relaciona con las funciones tendentes a la reproducción: extrayendo paralelismos entre los estilos reproductivos descritos por los biólogos, se clasifica a los individuos en función de estrategias sociobiológicas como aquellos en los que existe un predominio a la "autoorientación" frente a los individuos con la tendencia a la heteroorientación (cuidado de los otros). Por último hay las funciones de abstracción que aluden a los estilos de pensamiento que emplea el individuo para representar las experiencias de la vida. Los fallos en estas funciones reflejarían la existencia de déficits estructurales (Szerman, Peris, & Ruíz, 2004).

A partir de este modelo, la característica más notable de la personalidad límite es que las tres polaridades se encuentran en conflicto, explicando ello la intensa ambivalencia e inconstancia, vacilación emocional, lo impredecible de los comportamientos e inconsistencia que caracteriza a estos individuos. Esto explicaría los siguientes síntomas (Szerman, Peris, & Ruíz, 2004):

a) Ansiedad de separación. Individuos muy dependientes debido a su extrema sensibilidad a las experiencias de separación. Estos pacientes no se valoran a sí mismos como fuentes de refuerzo y creen que los demás los evalúan de la misma manera. Desconfían también de los otros como fuentes de refuerzo, temiendo constantemente que can a ser rechazados.

b) Procesos cognitivos. Son pacientes en conflicto continuo en relación a sus necesidades de dependencia, sintiéndose además culpables cada vez que intentan manifestarse de forma asertiva. Cualquier afirmación de sí mismos podría significar un rechazo o abandono por parte de otros. Basándose en sus experiencias previas, los pacientes borderline creen que no pueden fiarse de otras personas y que nunca ven a encontrar el afecto y el apoyo que necesitan, aun en aquellos casos en los que se someten a la protección de otros para calmar su ansiedad, se sienten inseguros y, además, resentidos hacia esas personas por el "poder" que detentan frente a ellos ("forzados a ceder"). Este resentimiento se convierte en una amenaza cuando es descargado sobre los demás. En ocasiones, y para evitar las expresiones externas de ira, los pacientes borderline la vuelven contra ellos, convirtiéndose en extremadamente críticos y punitivos con ellos mismos.

c) Oscilaciones del humor y comportamentales.

En conclusión este autor es el único que señala que la disposición genética junto con las experiencias tempranas en la vida, se forma un papel muy importante en los factores sociales y culturales del trastorno límite. Considera la personalidad límite como un trastorno donde las dimensiones de la personalidad están desequilibradas, por tanto, la persona se encuentra en una continua lucha interior, es decir, hay un problema en la identidad.

MARSHA LIEHAN

Linehan (1993) sugiere que los pacientes límite presentas respuestas emocionales al medio en forma más rápida e intensa y con un ritmo de retorno a la línea base más lento que los individuos normales, lo que dificultaría la regulación de la experiencia emotiva (Aramburú Fernández, 1996).

Esta autora propone que las respuestas desadaptativas de las personas con diagnóstico límite serían consecuencia de la interacción temprana y prolongada entre un niño emocionalmente vulnerable con un medio ambiente (invalidante) que desaliente a interfiere con la expresión de la experiencia privada, especialmente con la expresión de las emociones (Linehan y Kehrer, 1993, Lineahn 1993ª). La vivencia interna de su vulnerabilidad emocional puede dar como resultado que la persona límite experimento sus propias emociones como no adecuadas (Aramburú Fernández, 1996).

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Al conceptualizar (tanto para el terapeuta como para el paciente) el trastorno límite surgiendo de un ajuste inadecuado entre una persona vulnerable y un medio invalidante, Linehan posibilita el trabajo terapéutico sin asignación de culpas y sin usar etiquetas diagnósticas estigmatizantes. Así, se desprende que esta persona vulnerable, inmersa en un medio no invalidante, y viceversa, una persona no vulnerable en un media invalidante, no presentaría el trastorno. El trastorno se considerar sistémico, un problema de ajuste entre un individuo y el medio en que le tocó vivir, y se le define en relación a lo normal, asumiendo una continuidad entre la salud y lo "límite" (Aramburú Fernández, 1996).

La terapia dialéctica comportamental fue desarrollada por Linehan (1993) para referirse a que una disfunción en la regulación de las emociones es el núcleo del trastorno de personalidad límite, siendo su base probablemente de origen biopsicosocial. Por tanto, la autora desarrolló un modelo biosocial sobre el trastorno límite que se fundamente en la relación entre una alta vulnerabilidad emocional y un ambiente invalidante como mecanismo clave para el desarrollo de ese trastorno. Esta interacción produce inestabilidad emocional, que constituye el área más problemática de este trastorno, a su vez, las disfunciones en el área comportamental, interpersonal, cognitiva y de identidad constituyen intentos por controlar la emoción o por conseguir el apoyo del ambiente, la inestabilidad emocional es el problema que el individuo quiere resolver y, los intentos de solución se convierten en la fuente de sus problemas. El comportamiento límite, por ejemplo, las conductas autolesivas, son en muchas ocasiones intentos desadaptativos de regular el afecto intenso, la actitud punitiva y el miedo realista a no ser capaz de controlar emociones intensas, bloquean la posibilidad de tolerar emociones fuertes el tiempo suficiente para elaborar las pérdidas significativas. La combinación de respuestas emocionales intensas, habilidades inadecuadas para regular las emociones, compartimiento impulsivo y una actitud crítica hacia sus propias emociones resultan en una serie de crisis, así como frecuentes dificultades en sus capacidades de afrontamiento, a pesar de sus esfuerzos (Haro). 

La mayoría de estas teorías explicativas que hemos visto, coinciden en que las experiencias vividas durante la infancia son un factor principal en el desarrollo del TLP. Las teorías sugieren que las experiencias pasadas dañinas pueden relacionarse con un apego inseguro o un ambiente invalidadante. Quizás, la internalización de estas experiencias y estas historias de aprendizaje producirán la formación de unos esquemas desadaptativos que influirán en las experiencias interpersonales posteriores (Haro)

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