MANUALES DE DIAGNÓSTICO

04.09.2017

Los manuales de diagnóstico muestran una sintomatología clave que ha de ofrecer el individuo durante un mínimo de tiempo estable, por tal que se empiece a pensar en que hay un trastorno de personalidad. Estos manuales han ido evolucionando su propia concepto y clasificación de cada uno de los trastornos. Por ello, se ha publicado varias ediciones de cada uno por tal de ir amoldándose a los cambios producidos en el ámbito cienífico y social. Actualmente los dos más relevantes en el ámbito de la Psicología son el Diagnostic and statistical Manual of mental disorders (DSM) y la Clasificación internación de las enfermedades (CIE).

Hoy en día encontramos el DSM-V, pero dado que en clase hemos estudiado con el DSM-IV-TR, daremos la clasificación de éste. El trastorno límite se caracteriza por éste como inestabilidad de conductas interpersonales, de la imagen de uno mismo y de los efectos y una notable impulsividad. El DSM-IV-TR agrupa los distintos trastornos a partir de tres grupos: a) los sujetos extraños o excéntricos, b) los dramáticos o impulsivos, y c) los ansiosos o temerosos. Nuestra trastorno está incluido en el segundo de este grupo, donde se da una gran heterogeneidad de los síntomas entre los individuos (Vicente E. Caballo, 2000).

Para que se pueda diagnosticar el trastorno se han de cumplir al menos cinco de nueve criterios que versan sobre: a) esfuerzos titánicos para evitar un abandono real o imaginario, b) patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas, c) amenazas, gestos o conductas suicidas recurrentes o comportamientos automutilantes, d) impulsividad en al menos dos áreas, que puede ser potencialmente peligrosa para el sujeto, e) ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla, f) inestabilidad afectiva, g) sensaciones crónicas de vacío, h) trastorno de la identidad o imagen inestable de sí mismo, e i) ideas paranoides transitorias o síntomas disociativos graves. En este grupo de síntomas se encuentran representados los tres tipos de respuesta de un individuo. Por un lado, la esfera comportamental, caracterizada por la impulsividad y las conductas autolesivas; por otro, el ámbito cognitivo, con ideas paranoides y con una autoimagen e identidad deterioradas; y, finalmente, un patrón fisiológico inestable. Como iremos viendo, el ámbito personal y afectivo es otro de los puntos fundamentales que se deben considerar en el diagnóstico (Vicente E. Caballo, 2000) .

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El DSM- V ha continuado con esa clasificación de los trastornos de personalidad a partir de esos tres grupos, siguiendo el trastorno límite en el segundo (APA, 2014).

Por lo que respecta a la CIE-10 (OMS, 1992), incluye un trastorno similar al límite pero denominado «trastorno emocionalmente inestable de la personalidad». En este caso, la categoría es dividida en dos tipos que comparten un patrón general de impulsividad y descontrol, la existencia de inestabilidad afectiva, poca capacidad para planificar las cosas y episodios de ira intensa y comportamientos explosivos. Las dos variedades se denominan: a) tipo impulsivo, donde se manifiesta inestabilidad emocional y falta de control de los impulsos, comportamientos amenazadores y explosiones violentas, y b) tipo límite, que presenta una imagen de sí mismo alterada y poco definida, sentimientos crónicos de vacío, implicación en relaciones intensas e inestables que desencadenan crisis emocionales frecuentes, miedo al abandono y comportamientos auto lesivos o amenazas suicidas (Vicente E. Caballo, 2000).

Entre estos dos manuales siempre han existido una serie de discrepancias. Aun así sí que puede verse que cada uno de ellos posee un trastorno que su sintomatología concuerda con el "trastorno límite", por tanto, ha sido oficialmente reconocido por estos dos grandes organismos.

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